Postre perfecto, Si se puede, gracias a estos consejos

Es indudable que un postre siempre se nos hará irresistible, y quizás se deba a su sabor, suavidad y dulce tentación que se encuentran ocultos en cada porción. Sin embargo, al momento de prepararlo puede que tengamos que lidiar con diversos secretos que no debemos dejar a un lado, y así podremos deleitar a todos gracias a las mejores y más dulces preparaciones.

Utilicemos ingredientes que se encuentren a temperatura ambiente: gran cantidad de los productos que son horneados comienzan por la formación de crema de mantequilla y azúcar, pero las personas no tienden a ablandar la mantequilla antes de ser mezclada con el resto de los ingredientes. El resultado final es una textura en los postres que no sea la más adecuada.

Otro error frecuente es mezclar los ingredientes fríos, con los ingredientes que se encuentran calientes. Esto sucede mucho cuando se prepara chocolate caliente al que se le agrega un poco de crema batida, pero fría. Por esta razón, muchas recetas requieren que los ingredientes mantengan la misma temperatura, y de esta manera poder fusionarse de un modo perfecto en la preparación.

Al hornear, se deben usar utensilios de calidad:  Siempre será una buena inversión comprar utensilios que sean novedosos y de gran calidad, como por ejemplo: bandejas antiadherentes, paletas de madera y plástico, medidores de temperatura o cualquier otra herramienta con la que podamos facilitar nuestro trabajo, nos ayude a un resultado final apetitoso y que esté visiblemente bien elaborado.

Hagamos una buena medición de las cantidades: cuando se hace repostería, ello incluye la ejecución de procesos químicos que suelen ser bastante delicados. En consecuencia, se debe tener sumo cuidado, por ejemplo cuando se realizan sustituciones de huevo, aunque donde debemos ser más exactos es en la medición de la mantequilla, ya que su sabor se puede notar acentuado cuando se coloca de más.

La harina perfecta y su secreto: Por cada tres tazas de harina, se le retiran tres cucharaditas de la misma y se le agregan tres de fécula de maíz. Tal acción hace de nuestro  pastel el más compacto y con ello puede aguantar de mejor manera la cubierta de crema resistiendo sin hundirse y sin mayores inconvenientes.

Usemos manteca para engrasar los moldes, y no mantequilla: es una norma generalizada leer en los libros de cocina que los moldes deben ser engrasados con mantequilla y harina. Pero esto nos brinda como resultado dos situaciones adversas: el primero es que le queda una capa harinosa al pastel, y el segundo es que no se despega fácilmente del molde. Si sustituimos la mantequilla por manteca, entonces más nunca tendremos estos problemas.

En un recipiente aparte es donde se rompen los huevos: se hace de esta manera para evitar que las cáscaras lleguen a caer en la mezcla y luego resulte imposible encontrarlas. En consecuencia, podemos encontrarlas y apartarlas antes de que caigan en el recipiente de la batidora.

Se mezcla inicialmente seco con seco y húmedo con húmedo: debemos aprender a mezclar por partes. Inicialmente la harina con todo lo seco, y ello incluye el polvo de hornear y el bicarbonato de sodio. La idea es que queden perfectamente uniformes dentro de la mezcla. Seguidamente se mezcla todo lo húmedo como la mantequilla, la leche y el azúcar. Posiblemente no se note con facilidad la diferencia en el sabor, pero si en la textura.